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Para muchas personas, conducir es una parte inevitable de la rutina diaria. Ya sea por trabajo, viajes largos o simplemente por comodidad, pasamos una cantidad considerable de tiempo detrás del volante. Sin embargo, lo que pocos consideran es que esas horas prolongadas al volante pueden tener consecuencias negativas para la salud de la espalda. La ciencia ha demostrado que conducir en exceso, especialmente sin la postura adecuada o sin pausas frecuentes, puede ser un factor de riesgo importante para el dolor lumbar crónico y otros trastornos musculoesqueléticos.
¿Por qué conducir afecta tanto a la espalda?
Conducir combina tres factores que, por separado, ya pueden ser problemáticos: sedentarismo prolongado, postura forzada y vibración constante. Cuando se suman, el impacto sobre la columna vertebral se multiplica.
- Sedentarismo prolongado: Al estar sentado por largos periodos, los músculos del tronco y la parte baja de la espalda se fatigan. Esto reduce la estabilidad de la columna y puede provocar una sobrecarga en los discos intervertebrales, especialmente en la zona lumbar (parte baja de la espalda).
- Postura forzada: Al conducir, el cuerpo adopta una posición semiinclinada y poco natural. La cabeza tiende a adelantarse, los hombros se encorvan y las piernas permanecen flexionadas de forma constante, lo que reduce el flujo sanguíneo y genera tensión muscular.
- Vibraciones del vehículo: Los estudios han demostrado que las vibraciones de baja frecuencia que se transmiten desde el asiento al cuerpo durante la conducción (especialmente en camiones y vehículos pesados) contribuyen a la degeneración de los discos intervertebrales y al aumento del dolor lumbar.
¿Qué dice la ciencia?
Varios estudios han analizado la relación entre conducir y los problemas de espalda. Según una publicación en la revista Spine, los conductores profesionales —como taxistas, choferes de autobús y transportistas— tienen una incidencia significativamente más alta de lumbalgia crónica en comparación con personas que no conducen con frecuencia.
Un estudio del Journal of Occupational and Environmental Medicine encontró que quienes pasan más de 4 horas diarias conduciendo tienen un riesgo 2.5 veces mayor de desarrollar dolor lumbar severo, especialmente si no se toman descansos o se mantiene una mala postura.
La Organización Mundial de la Salud también ha incluido el trabajo sedentario prolongado (como conducir) como uno de los factores de riesgo para trastornos musculoesqueléticos.
¿Qué partes de la espalda son las más afectadas?
El principal punto de impacto es la zona lumbar, es decir, la parte baja de la espalda. Esta región soporta gran parte del peso corporal y es especialmente sensible a la compresión causada por estar sentado durante mucho tiempo.
También puede haber dolor en:
- Zona cervical (cuello): por el adelantamiento de la cabeza y la tensión al mirar hacia adelante de forma constante.
- Dorsales (parte media de la espalda): por la postura encorvada y la falta de soporte lumbar.
- Hombros y cuello: debido a la tensión acumulada al sostener el volante por largos periodos sin descanso.
¿Qué factores aumentan el riesgo?
- Altura o ajuste incorrecto del asiento
- Falta de soporte lumbar
- Suspensión deficiente en el vehículo
- Estrés o tensión al conducir
- Condiciones del camino (baches, tráfico, vibraciones)
Además, el estilo de conducción influye: conducir en ciudad, con constantes frenadas y cambios de marcha, puede ser más exigente para la espalda que conducir en carretera, aunque en ambos casos el problema radica en la duración y la postura.
Consejos prácticos para proteger tu espalda al conducir
A continuación, te compartimos recomendaciones respaldadas por fisioterapeutas y expertos en ergonomía:
1. Ajusta tu asiento correctamente
- Inclina el respaldo a un ángulo de aproximadamente 100-110 grados.
- Asegúrate de que tu espalda esté en contacto total con el respaldo.
- Ajusta el asiento de manera que tus rodillas estén al mismo nivel que tus caderas.
2. Usa soporte lumbar
Si tu asiento no tiene soporte lumbar integrado, puedes colocar una almohadilla ergonómica o una toalla enrollada para mantener la curva natural de la espalda baja.
3. Toma descansos cada 60-90 minutos
Detente, baja del auto y camina unos minutos. Estira las piernas, la espalda y los brazos. Esto ayuda a reducir la rigidez muscular y mejora la circulación.
4. Estira antes y después de conducir
Estiramientos suaves de espalda, cuello y piernas pueden ayudarte a prevenir la acumulación de tensión.
5. Fortalece tu core
Los músculos abdominales y de la zona lumbar (conocidos como el «core») actúan como soporte natural para la espalda. Ejercicios como planchas, puentes y abdominales hipopresivos pueden ayudarte a prevenir dolores.
6. Mantén una postura activa
Evita encorvarte o recostarte completamente hacia atrás. Si notas que estás “desplomado” sobre el asiento, haz una pausa y reajusta tu posición.
Conclusión
Aunque conducir forma parte del día a día para millones de personas, no debe tomarse a la ligera su impacto sobre la salud, especialmente en lo que respecta a la espalda. La ciencia ha dejado claro que pasar demasiado tiempo al volante, sin pausas ni la postura adecuada, puede provocar dolor lumbar, rigidez e incluso lesiones crónicas.
Por suerte, pequeños cambios en tus hábitos al conducir —como ajustar bien el asiento, tomar descansos frecuentes y fortalecer tu musculatura— pueden marcar una gran diferencia. Tu espalda lo agradecerá, y también tu calidad de vida al volante.
